EN LA ULTIMA CENA (pg 64)

“-He deseado grandemente comer esta cena de Pascua con vosotros... Quería hacerlo una vez más antes de sufrir... Mi hora ha llegado y, en lo que concierne a mañana, todos estamos en las manos del Padre, cuya voluntad he venido a cumplir. No volveré a comer con vosotros hasta que no os sentéis conmigo en el reino que mi Padre me entregará cuando haya terminado aquello para lo que me ha enviado a este mundo.”

“-Tomad esta copa y divididla entre vosotros. Y cuando la hayáis compartido, pensad que ya no beberé con vosotros el fruto de la vid... Esta es nuestra última cena...”

“-... Cuando nos sentemos otra vez -concluyó el Maestro- será en el reino que está por llegar.”

(Pg 65)

PEDRO: “-Maestro, ¿realmente vas a lavar mis pies?”.Jesús debió de levantar su rostro hacia el impetuoso y decepcionado pescador porque, a renglón seguido, se le oyó decir:

“-Puede que no comprendáis lo que me dispongo a hacer... de ahora en adelante, conoceréis el sentido de todas estas...
Un profundo suspiro escapó de la garganta de Simón Pedro.
“-Maestro -se le volvió a oír-, nunca me lavarás los pies!”

“-Pedro -replicó Jesús en un tono que no dejaba lugar a dudas-, en verdad te digo que, si no te limpio los pies, no tomarás parte conmigo en lo que estoy a punto de llevar a cabo.”

“-Entonces, Maestro, no me laves sólo los pies... También manos y la cabeza”

“-Aquel que ya está limpio -intervino de nuevo el Maestro- sólo necesita que se le lave los pies. Vosotros, que os sentais conmigo esta noche, estáis limpios...” Se produjo una pausa. “-... Aunque no todos.”

“-... Deberíais haber lavado el polvo de vuestros pies antes de sentaros a tomar el alimento conmigo. Además, quiero hacer este servicio para ilustrar un nuevo mandamiento que voy a daros.”

CUANDO TERMINO EL LAVATORIO

“-¿Comprendéis lo que os he hecho?”

“-Me llamáis "rabí” -añadió en un tono condescendiente- y decís bien, pues lo soy. Entonces, si el Maestro ha lavado vuestros pies, ¿por qué os negábais a lavaros los unos a los otros?... ¿Qué lección debéis aprender de esta parábola en la que el Maestro, tan gustosamente, ha hecho un servicio que vosotros os habéis negado mutuamente? En verdad, en verdad os digo que un sirviente no es más grande que su amo. Ni tampoco es más grande el enviado que aquel que le envía. Habéis visto cuál ha sido la forma de mi servicio en vida. Bendito sea quien tenga la graciosa valentía de hacer otro tanto. Pero ¿por qué sois tan lentos en aprender que el secreto de la grandeza en el reino del espíritu nada tiene que ver con los métodos del mundo de lo material?
Cuando llegué a esta habitación, no sólo rehusabais lavaros los pies unos a otros sino que, además, discutíais sobre quién debe ocupar los lugares de honor en torno a mi mesa. Esos honores los buscan los fariseos.., y los niños. Pero no será así entre los embajadores del reino celestial. ¿Es que no sabéis que no puede haber lugar de preferencia en mi mesa? ¿No comprendéis que os amo a cada uno de vosotros como al resto? El lugar más próximo a mí puede no significar nada en relación a vuestro puesto en el reino de los cielos. No ignoráis que los reyes de los gentiles tienen poder y señorio sobre sus súbditos y que, incluso, son llamados benefactores. En el reino de los cielos no será así. Si algunos de vosotros quiere tener la preferencia, que sepa renunciar al privilegio de la edad. Y si otro desea ser jefe, que se vuelva sirviente. ¿Quién es más grande: el que se sienta a comer o el que sirve? ¿No se considera al primero como al principal? Y, sin embargo, observad que yo estoy entre vosotros como el que sirve...

(pg. 66)
“En verdad, en verdad os digo que si así actuáis, haciendo conmigo la voluntad de mi Padre, entonces sí tendréis un lugar, a mi lado, en el poder.”

“-Ya os he dicho cuánto deseaba celebrar esta cena con vosotros...”
Jesús de Nazaret parecía turbado.
“-... Y sabiendo en qué forma las demoníacas fuerzas de las tinieblas han conspirado para llevar a la muerte al Hijo del Hombre, tomé la decisión de cenar con vosotros, en esta habitación secreta y un día antes de la Pascua...”

“-... ya que, mañana, a esta misma hora, no estaré con vosotros.”
El dramático anuncio del Cristo sí debió ser captado por algunos de los apóstoles porque, de pronto, el trasiego de la cena decreció. Y el silencio se hizo más intenso.
“-... Os he dicho en repetidas ocasiones -continuó el Nazareno- que debo volver al Padre. Ahora ha llegado mi hora, aunque no era necesario que uno de vosotros me traicionase, poniéndome en manos de mis enemigos.”
Por primera vez, los íntimos del Galileo -alertados por el propio rabí empezaban a tomar conciencia de la existencia de un renegado en el seno del grupo.
Aquello fue tan grave e inesperado que necesitaron varios minutos para reaccionar. Al fin, uno tras otro, con temor, formularon la misma pregunta:.“-¿Soy yo?”
el único que no ha preguntado ha sido Judas..., tras el referido y undécimo “¿soy yo?”, surgió la voz del Cristo, repitiendo parte de lo ya expuesto con anterioridad:

“-Es necesario que vaya al Padre. Pero, para cumplir su voluntad, no era preciso que uno de vosotros se convirtiera en traidor. Esto es fruto de la maldad de uno que no ha conseguido amar la Verdad... Qué engañoso es el orgullo que precede a la caída espiritual! Un viejo amigo, que incluso, ahora, come mi pan, está deseoso de traicionarme. Incluso ahora -reiteró el Galileo, dando un especial énfasis a sus palabras-, que hunde su mano conmigo en el plato...”
Esta nueva alocución fue seguida de murmullos y de algún que otro y repetitivo "¿soy yo?”. Pero el Maestro no respondió.
Los comentarios entre los discípulos se generalizaron y ésta, casi con toda seguridad, fue la razón de que ninguno de los once prestara atención a un inmediato y lacónico coloquio entre el Iscariote y Jesús. En mitad de aquel maremágnum de opiniones, Judas -reclinado a la izquierda del Maestro- preguntó a su vez, aunque en un tono difícilmente perceptible para el resto: “-¿Soy yo?”
(Pg.67)
Una vez formulada la pregunta de Judas, el rabí hundió un trozo de pan en el plato de hierbas que tenía frente a él, ofreciéndoselo al traidor. Segundos después de percibir el crujido del pan al quebrarse contra el fondo de madera del plato, Jesús -también a media voz- respondió con su fatídico...
“ Tú lo has dicho!”
Juan Zebedeo en un nivel de audición sumamente bajo -como si la pregunta hubiera sido formulada casi al oído -, le plantearía:
“-¿Quién es?... Debemos saber quién es infiel a su creencia.”
Y el rabí -en un tono igualmente confidencial- respondió:
“-Ya os lo he dicho: incluso, aquel a quien doy la sopa...”
Simón Pedro al parecer a Juan.
“-Pregúntale quién es!... O, si ya te lo ha dicho, dime quién es el traidor.”
“-Me apena -les manifestó- que este mal haya llegado a prosperar. Esperaba, incluso hasta esta hora, que el poder de la Verdad triunfase sobre las decepciones del mal. Pero estas victorias no se ganan sin la fe y un sincero amor por la Verdad. No os hubiera dicho esto en nuestra última cena, de no ser porque deseo advertiros y prepararos acerca lo que está ahora sobre nosotros...”
“-... Os he hablado de esto porque deseo que recordéis, después que me haya ido, que sabía de todas estas malvadas conspiraciones y que os advertí de la traición. Y lo hago sólo para que podáis ser más fuertes Frente a las tentaciones y juicios que tenemos justamente delante.”
el Nazareno a Judas:
“-Lo que has decidido hacer... hazlo pronto.”

(Pg. 68)
“-Tomad esta copa y bebed todos de ella... Esta será la copa de mi recuerdo. Esta es la copa de la bendición de un nuevo designio divino de gracia y verdad. Este será el emblema de la otorgación y del ministerio del divino Espíritu de la Verdad.”
“-... Ya no beberé con vosotros hasta que no lo haga en una nueva forma, en el reino eterno de mi Padre.”
“-Tomad este pan y comedlo -les anunció el Maestro-. Os he manifestado que soy el pan de la vida, que es la vida unificada del Padre y del Hijo en un solo don. La palabra del Padre, tal como fue revelada por el Hijo, es realmente el pan de la vida.”
“-Cuando hagáis estas cosas, recordad la vida que he vivido en la Tierra y regocijaos porque continuaré viviendo con vosotros. No luchéis para averiguar quién es el más grande entre vosotros. Sed como hermanos. Y cuando el reino crezca hasta alcanzar numerosos grupos de creyentes, no luchéis tampoco por esa grandeza o por buscar el ascenso entre tales grupos. Y tan a menudo como hagáis esto, hacedlo en memoria mía. Y cuando me recordéis, primero mirad atrás: a mi vida en la carne. Y recordad que una vez estuve con vosotros. Entonces, por la fe, percibid que todos cenaréis alguna vez, conmigo, en el reino eterno del Padre. Esta es la nueva Pascua que os dejo: la palabra de la eterna verdad, mi amor por vosotros y el derramamiento del Espíritu sobre la carne...”.
“-Recordáis bien cuando os envié sin bolsa ni cartera e, incluso, os advertí que no lleváseis ropa de repuesto...“
Los apóstoles, con monosílabos, respondieron afirmativamente.
“-... Todos recordaréis que nada os faltó. Sin embargo, ahora los tiempos son difíciles. Ya no podéis depender de la buena voluntad de las multitudes. Por tanto, en adelante, aquel que tenga bolsa, que la lleve. Cuando salgáis al mundo a proclamar este evangelio, haced provisión para vuestro sustento, como mejor os parezca. He venido a traer la paz pero, por un tiempo, ésta no aparecerá.”
"Ha llegado el tiempo en que el Hijo del Hombre será glorificado y el Padre, en Él...”
Su voz volvió a turbarse.
“Amigos míos: voy a estar con vosotros sólo un poco más. Pronto me buscaréis, pero no me hallaréis, pues voy a un lugar al que, esta vez, no podéis venir. Cuando hayáis terminado vuestro trabajo en la Tierra, al igual que yo he concluido el mío, entonces vendréis a mí en la misma forma en que yo me preparo ahora para ir al Padre.”
“-En muy poco tiempo voy a dejaros... Ya no me veréis en la Tierra, pero todos me veréis en el tiempo venidero, cuando ascendáis al reino que me ha dado mí Padre.”
“-Cuando os referí una parábola, señalando cómo debéis estar deseosos de serviros los unos a los otros, os dije también que deseaba daros un nuevo mandamiento. Lo haré ahora ya que estoy a punto de dejaros. Conocéis perfectamente el mandamiento que ordena amaros recíprocamente y a vuestro prójimo como a vosotros mismos..."
Jesús hizo una estudiada pausa.
(Pg. 69)
“-Sin embargo, no estoy del todo satisfecho, incluso con esta sincera devoción por parte de mis hijos. Deseo que hagáis mayores actos de amor en el reino de la hermandad de los creyentes. Por eso, he aquí mi nuevo mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado."
“-Si así lo hacéis, los hombres sabrán que sois mis discípulos.”
“-... Con este nuevo mandamiento no cargo vuestras almas con un nuevo peso. Al contrario: os traigo nueva alegría y hago posible que experimentéis un nuevo placer, al conocer las delicias de la donación, por el amor, hacia vuestro prójimo. Yo mismo estoy a punto de experimentar el supremo regocijo (aun cuando soporte una pena exterior), con la entrega de mi afecto por vosotros y por el resto de los mortales.”
"Cuando os invito a amaros los unos a los otros, tal y como yo os he amado, os presento la suprema medida del verdadero afecto. Ningún hombre puede alcanzar un amor superior a éste: el de dar la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos y continuaréis siéndolo si tan sólo deseáis hacer lo que os he enseñado. Me habéis llamado Maestro, pero yo no os llamo sirvientes. Si os amáis los unos a los otros como yo os estoy amando, entonces seréis mis amigos y yo os hablaré alguna vez de aquello que mi Padre me ha revelado. No sois vosotros quienes me habéis elegido, sino yo. Y os he ordenado que salgáis al mundo para entregar el fruto del servicio amoroso a vuestros semejantes, de la misma forma que yo he vivido entre vosotros y os he revelado al
Padre. Ambos trabajaremos con vosotros y experimentaréis la divina plenitud de la alegría si tan sólo obedecéis este nuevo mandamiento: amaros unos a otros como yo Os he amado.”
“Si compartís el regocijo del Maestro, debéis compartir su amor. Y compartir su amor significa que habéis compartido su servicio. Tal experiencia de amor no os libra de las dificultades de este mundo. Pero, ciertamente, hace "nuevo" al viejo mundo...“
“-Recordad: es lealtad lo que yo pido. No sacrificio. La conciencia de sacrificio implica la ausencia de ese afecto incondicional, que hubiera hecho de dicho servicio amoroso una suprema alegría. La idea de deber u obligación significa que, mentalmente, os convertís en sirvientes, perdiendo así la poderosa sensación de practicar vuestro servicio como amigos y para los amigos. La amistad trasciende el significado del deber y el servicio de un amigo hacia otro jamás debe calificarse como sacrificio. El Maestro os ha enseñado que sois los hijos de Dios. Os ha llamado hermanos y ahora, antes de partir, os llama sus amigos. “
“-Yo soy la verdadera cepa y mi Padre, el labrador. Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. Mi Padre sólo pide que deis mucho fruto. La viña sólo se poda para aumentar la fertilidad de sus ramas. Todos los sarmientos que brotan de mí y que no dan fruto, mi Padre los arrancará. En cambio, aquellos que lleven fruto, el Padre los limpiará para que multipliquen su riqueza. Ya estáis limpios, a través de las palabras que os he dirigido, pero debéis continuar limpios. Debéis morar en mí y yo en vosotros. Si es separado de la cepa, el sarmiento morirá. Así como la rama no puede llevar fruto si no mora en la viña, así vosotros no podéis rendir los frutos del amor si no moráis en mi.
Recordad: yo soy la verdadera cepa y vosotros los sarmientos vivientes. El que vive en mí, y yo en él, dará mucho fruto y experimentará la suprema alegría de la cosecha espiritual. Si mantenéis esta conexión viviente y espiritual conmigo, vuestros frutos serán abundantes. Si moráis en mí y mis palabras en vosotros, podréis comunicaros libremente conmigo. Entonces, mi espíritu viviente os infundirá de tal forma que podréis solicitar lo que queráis. El Padre garantizará nuestra petición. así es glorificado el Padre. Que la cepa tenga muchas ramas vivientes y que cada sarmiento proporcione mucho fruto. Cuando el mundo vea esas ramas vivas y cargadas de fruto (es decir, a mis amigos que se aman como yo les he amado), los hombres sabrán entonces que sois en verdad mis discípulos. Como mi Padre me ha amado, así os he amado. Vivid en mi amor, al igual
que yo vivo en el del Padre. Si hacéis como os he enseñado, moraréis en mí y, tal y como he prometido, en su amor.”
“-Cuando os haya dejado, no os desalentéis ante la enemistad del mundo. No decaigáis cuando creyentes de débil corazón se vuelvan, incluso, contra vosotros y unan sus manos a las de los enemigos del reino. Si el mundo os odia, recordad que me odió a mí antes que a vosotros. Si fuéseis de este mundo, entonces el mundo amaría lo suyo propio. Pero, como no lo sois, el mundo se niega a amaros. Estáis en este mundo, pero vuestras vidas no deben ser de este mundo. Os he escogido de entre el mundo para representar el espíritu de otro mundo. Recordad siempre mis palabras: el sirviente no es más grande que su amo. Si se atraven a perseguirme, también os perseguirán a vosotros. Si mis palabras ofenden a los no creyentes, también las vuestras ofenderán a los sin Dios. Os harán todo esto porque no creen en mí ni en el que me envió. Por eso
sufriréis muchas cosas en nombre de mi evangelio.

(Pg. 69)
Pero, cuando soportéis estas tribulaciones, recordad que yo también sufrí antes que vosotros en el nombre de este evangelio del reino celestial.”
“Muchos de los que os asalten son ignorantes de la luz del cielo. Esto, en cambio, no es así para algunos que ahora nos persiguen. Si no les hubiésemos enseñado la Verdad podrían hacer cosas extrañas, sin caer en la condena. Pero ahora, puesto que han conocido la luz y se han atrevido a rechazarla, no tienen excusa para su actitud. El que me odia, odia a mi Padre. No puede ser de otro modo. Del mismo modo que la luz os salvará, si es aceptada, os condenará si, a sabiendas, resulta rechazada.”
“¿Y qué he hecho yo para que estos hombres me odien con tanto ahínco? Nada, salvo ofrecerles la hermandad en la Tierra y la salvación en el cielo. ¿Es que no habéis leído en la Escritura. ” Y me odiaron sin una causa.””
“Pero no os dejaré solos en el mundo. Muy pronto, después que me haya ido, os enviaré un Espíritu ayudador. Tendréis entonces con vosotros a uno que tomará mi lugar. Uno que continuar enseñando el camino de la Verdad y que, incluso, os consolará.”
“No permitáis que se turben vuestros corazones. Creéis en Dios. Continuad creyendo también en mi. Aunque yo debo dejaros, no estaré lejos de vosotros. Ya os he dicho que en el universo de mi Padre hay muchos lugares donde quedarse. Si esto no fuera verdad, no os hubiese hablado repetidamente sobre ello. Voy a volver a esos mundos de luz: estaciones en el cielo del Padre, a las que alguna vez ascenderéis. Desde estos lugares vine a este mundo y ahora ha llegado el momento en el que debo volver al trabajo de mí Padre en las esferas de lo alto.”
“Por tanto, si voy antes que vosotros al reino celestial del Padre, tened la seguridad de que enviaré a por vosotros para que podáis estar conmigo en los lugares que fueron preparados para los hijos mortales de Dios, antes de que existiese este mundo...”
“Aunque deba dejaros -continuó Jesús ante la lógica incomprensión de los atentos discípulos-, seguiré presente en espíritu. Finalmente, estaréis conmigo, en persona, cuando hayáis ascendido hasta mí, en mi universo, así como yo estoy a punto de ascender a mi Padre, a su universo mayor88. Y lo que os digo es eterno y verdadero, aunque ahora no lo comprendáis del todo. Yo voy al Padre y, aunque ahora no podáis seguirme, ciertamente lo haréis en épocas venideras.”
Tomás:
“-Maestro -le dijo-, no sabemos a dónde vas. No conocemos el camino. Pero, si nos lo muestras, esta misma noche te seguiremos...”
“-Tomás, yo soy el camino, la Verdad y la vida. Ningún hombre va al Padre si no es a través mío. Todos los que encuentran al Padre, primero me encuentran a mí. Si me conocéis, conocéis el camino hacia el Padre. Y vosotros me conocéis porque habéis vivido conmigo y ahora me veis.”
Felipe dirigiéndose al rabí, habló así:.“-Maestro, muéstranos al Padre y todo cuanto has dicho quedará claro."
El Nazareno replicó en un tono de evidente decepción:
“-Felipe, ¿he estado tanto tiempo contigo y aún no me conoces? De nuevo os declaro: quien me haya visto a mi ha visto al Padre. ¿Cómo puedes decir entonces "muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre y El en mi? ¿No os he enseñado que las palabras que yo hablo no son mías sino del Padre? Yo hablo por el Padre y no por mi mismo. Estoy en este mundo para hacer su voluntad y eso es lo que he hecho. Mi Padre mora en mi y actúa a través mío. Creedme cuando digo que el Padre está en mí y que yo estoy en El. O, si no, creed al menos en nombre de la vida que he llevado y en nombre de mis obras.”
“-Cuando haya ido al Padre -intervino de nuevo Jesús- y después que Él acepte el trabajo que he hecho en la Tierra para vosotros y yo reciba la soberanía final de mi propio dominio, entonces diré a mi Padre: habiendo dejado a mis hijos solos sobre la Tierra, de acuerdo con mi promesa, les envío otro enseñante. Y cuando el Padre lo apruebe, yo vertiré el Espíritu de la Verdad sobre toda la carne. El Espíritu de mi Padre está ya en vuestros corazones y, cuando llegue ese día, también me tendréis a mi con vosotros, así como ahora tenéis al Padre. Este nuevo don es el Espíritu de la Verdad viviente. Los no creyentes no escucharán sus enseñanzas, ( Pg. 71) pero los hijos de la luz lo recibirán con agrado y con todo su corazón. Y conoceréis a este Espíritu cuando venga, de la misma forma que me habéis conocido a mí. Y recibiréis este don en vuestros corazones y Él
morará en vosotros. ¿Os dais cuenta, por tanto, que no voy a dejaros sin ayuda y sin guía? No os dejaré en la desolación. Hoy sólo puedo estar con vosotros en persona. En los tiempos venideros estaré con vosotros y con el resto de los hombres que deseen mi presencia, donde quiera que estéis y con cada uno al mismo tiempo.
¿No os dais cuenta que es mejor para mí que me marche y que os deje en la carne para que pueda estar con vosotros en espíritu?”
“Dentro de unas pocas horas, el mundo no me verá más. Pero continuaréis conociéndome en vuestros corazones hasta que os envíe al nuevo enseñante: al.Espíritu de la Verdad. así como he vivido con vosotros en persona, así viviré entonces en vosotros: seré uno con vuestras experiencias personales en el reino del espíritu. Y, cuando haya llegado el momento de que esto suceda, sabréis ciertamente que yo estoy en el Padre y que, mientras vuestra vida está oculta con el Padre en mí, yo también estaré con vosotros. He amado al Padre y mantenido su palabra. Me habéis amado y mantendréis mi palabra. así como mi Padre me ha dado de su espíritu, así os daré yo del mío. Y este Espíritu de Verdad que yo otorgaré sobre vosotros os guiará y confortará y, finalmente, os conducirá a toda la Verdad.”
“Os digo estas cosas para que podáis prepararos mejor y soportar las pruebas que están ahora frente a nosotros. Cuando ese nuevo día llegue, seréis habitados por el Hijo y por el Padre. Y estos dones del cielo trabajarán siempre el uno con el otro, al igual que el Padre y yo hemos forjado sobre la Tierra, y ante vuestros ojos, al Hijo del Hombre como a una sola persona. Este Espíritu amigo os traerá a la memoria todo cuanto os he enseñado. “
El gemelo Judas de Alfeo- se atrevió a levantarse y a preguntar:
“-Maestro... siempre has vivido entre nosotros como un amigo. ¿Cómo te conoceremos cuando ya no te manifiestes a nosotros, sino a través de ese espíritu? Si el mundo no te ve, ¿cómo estaremos seguros de ti? ¿Cómo te mostrarás a nosotros?”
“-Hijitos míos -la voz del Cristo era sumamente cordial-, yo me marcho. Vuelvo al Padre. Dentro de muy poco ya no me veréis como lo hacéis ahora, como carne y sangre. Y en muy poco tiempo os enviaré a mi Espíritu, que es igual a mí, excepto por este cuerpo material. Este nuevo enseñante es el Espíritu de la Verdad, que vivirá con cada uno de vosotros, en vuestros corazones. Por tanto, todos los hijos de la luz serán uno. De esta forma, tanto mi Padre como yo podremos vivir en las almas de cada uno de vosotros y también en los corazones de los otros hombres que nos aman y que hacen realidad ese amor, amándose unos a otros como yo, ahora, os estoy amando.”
"-Os digo todo esto -repitió por enésima vez- para que podáis estar preparados frente a lo que os aguarda y no caigáis en el error. Las autoridades no se contentarán con arrojaros fuera de las sinagogas. Os aviso: se acerca la hora en que aquellos que os maten crean que están haciendo un servicio a Dios. Os harán todo esto porque no conocen al Padre. Y han rehusado conocerle porque han rehusado recibirme. Y ellos rehúsan recibirme cuando os rechazan. Os cuento estas cosas por adelantado para que, cuando os llegue la hora, como ha llegado ahora la mía, podáis reconfortaros al recordar que todo me era conocido y que mi Espíritu estará con vosotros en todos vuestros sufrimientos.
Era con este fin por el que he estado hablando tan claramente desde el comienzo. Incluso os he advertido que los enemigos de un hombre pueden ser los de su propia casa. Aunque este evangelio del reino nunca deja de traer gran paz al alma del creyente, no traerá paz a la Tierra hasta que el hombre se muestre deseoso de creer en mi enseñanza con todo su corazón, estableciendo la práctica de hacer la voluntad del Padre como el propósito principal de toda vida mortal.”
“Y ahora que os dejo, viendo que ha llegado la hora en que estoy a punto de ir al Padre, estoy sorprendido de que ninguno de vosotros me haya preguntado: "¿Por qué nos dejas?"”
“De todas formas, sé que os hacéis estas preguntas en vuestros corazones. Os hablaré con claridad. Como un amigo a otro... “
El silencio se hizo más denso. Señal inequívoca de la expectación despertada por el Maestro.
“-... Es en verdad provechoso para vosotros que yo me marche. Si no me fuera, el nuevo enseñante no podría venir a vuestros corazones. Debo ser despojado de este cuerpo mortal y restituido a mi lugar, en lo alto, antes de que pueda enviar a ese espíritu enseñante. Y cuando mi Espíritu venga a morar en vosotros, El iluminará la diferencia entre el pecado y la rectitud y os hará capaces de juzgar sabiamente.”
El cansancio debía estar haciendo estragos entre sus hombres porque, de pronto, Jesús hizo alusión a ello:
“-Aún tengo mucho que deciros, aunque veo que ya no os tenéis en pie. Cuando el Espíritu venga, Él os conducirá finalmente a toda la Verdad, haciéndoos pasar por las muchas moradas del universo de mi Padre.
Este Espíritu no hablará de sí mismo. Os mostrará lo que el Padre ha revelado al Hijo e, incluso, las cosas venideras. El me glorificará, así como yo lo he hecho con el Padre. Él viene después de mí y os revelará mi (Pg. 71) verdad. Todo lo que el Padre tiene en este dominio es ahora mío. Por tanto, este nuevo enseñante tomará de lo que es mío y os lo manifestará.”
“Dentro de muy poco os dejaré, aunque por poco tiempo. Después, cuando volváis a verme, yo estaré ya camino de mi Padre. Entonces, incluso, no me veréis por mucho tiempo.”
Como era de esperar, los apóstoles resultaron nueva y profundamente confundidos. Y aprovechando el silencio del Maestro, empezaron a preguntarse unos a otros:
“-¿Qué es lo que nos ha contado?... ¿En breve voy a dejaros y, cuando me veáis, será por poco tiempo, pues estaré camino del Padre? ¿Qué puede querer decir con ese "dentro de muy poco" y con el "aunque por poco tiempo", No podemos comprender lo que nos está diciendo...”
“-¿Os preguntáis qué quise decir cuando hablé de que dentro de muy poco no estaría ya con vosotros y que, cuando me viéseis otra vez, estaría de camino a mi Padre? Os he hablado claramente -insistió Jesús-. El Hijo del Hombre debe morir, pero se volverá a levantar. ¿Es que no podéis discernir el significado de mis palabras? Primero os apenaréis. más tarde, cuando estas cosas hayan sucedido, os regocijaréis con todos aquellos que lo comprendan. Una mujer está verdaderamente afligida a la hora del parto. Pero, una vez libre del hijo, olvida de inmediato su angustia ante la alegría de saber que ha traído un hombre al mundo. Y así estáis: a punto de
afligiros ante mi partida. Pero pronto os volveré a ver y, entonces, vuestra tristeza se convertirá en regocijo. Y recibiréis una nueva revelación sobre la salvación de Dios. Una revelación que ningún hombre podrá arrebataros. Y todos los mundos serán benditos en esta misma revelación de vida, al llevar a cabo el derrocamiento de la muerte.
Hasta ahora habéis hecho todas vuestras peticiones en nombre de mi Padre. Después de que volváis a verme, también podréis pedir en mi nombre y yo os oiré.”
“Aquí abajo os he enseñado en proverbios y os he hablado en parábolas. Lo hice así porque sólo érais niños en el espíritu. Pero ha llegado el tiempo en que os hablaré claramente con respecto al Padre y a su reino. Y lo haré porque el mismo Padre os ama y desea ser plenamente revelado a vosotros. El hombre mortal no puede ver al Padre espíritu. Por eso he venido al mundo: para mostrároslo. Cuando el crecimiento del Espíritu os perfeccione, entonces veréis al mismo Padre.”
Algunos de los discípulos replicaron con frases como éstas:
“-Mirad, realmente nos habla con claridad. Seguramente, el Maestro ha venido de Dios. Pero ¿por qué dice que debe volver con el Padre?"
Finalizado lo que podríamos calificar de discurso de despedida, el Nazareno se separó de su diván. Algunos de los apóstoles le imitaron y, durante quince o veinte minutos, departieron amistosamente, rememorando algunas de las experiencias de su vida en común. Después, todos ocuparon sus respectivos puestos.
El Maestro, en pie, les habló así:
“-Mientras permanezco con vosotros, bajo la forma de carne, no puedo ser más que un individuo en medio del mundo. Pero, cuando haya sido liberado de esta investidura de naturaleza mortal, podré volver como Espíritu y morar en cada uno de vosotros y en los otros creyentes en este evangelio del reino. Así, el Hijo del Hombre se volverá una encarnación espiritual en las almas de todos los creyentes verdaderos.”
"Cuando haya vuelto a vosotros en Espíritu podré guiaros mejor a través de esta vida y de las muchas moradas de la vida futura, en el cielo de los cielos. La vida en la eterna creación del Padre no es un descanso, una ociosidad sin fin o una egoísta comodidad, sino una incesante progresión en gracia, verdad y gloria. Cada una de las muchas moradas en la casa de mi Padre es un lugar de paso, una vida diseñada para que os sirva de preparación para la siguiente. Y así, los hijos de la luz seguirán de gloria en gloria hasta que alcancen el estado divino (en el que serán espiritualmente perfectos), al igual que el Padre es perfecto en todas las cosas.".”
(Pg. 73)
“-Si me seguís cuando os deje, poned vuestros más ardientes esfuerzos en vivir de acuerdo con el Espíritu de mis enseñanzas y con el ideal de mi vida: hacer la voluntad de mi Padre. Haced esto en lugar de intentar imitar mi natural vida en la carne...”
“El Padre me envió a este mundo, pero sólo unos pocos han elegido recibirme en plenitud. Yo vertiré mi Espíritu sobre toda carne, pero no todos los hombres elegirán recibir a este nuevo enseñante como guía y consuelo de su alma. Sin embargo, los que lo reciban se verán iluminados, limpios y confortados. Y este Espíritu de la Verdad se transformará en ellos en un pozo de agua viva, manando a la vida eterna.”
“Y ahora, puesto que estoy a punto de dejaros, quiero transmitiros palabras de consuelo. Os dejo la paz. Mi paz os doy. Y doy estos dones, no como los da el mundo, por medidas. Doy a cada uno de vosotros todo lo que seáis capaces de recibir. No permitáis que vuestro corazón se turbe, ni que se muestre temeroso. Yo he superado al mundo y en mí, todos triunfaréis por la fe. Os he advertido que el Hijo del Hombre será muerto, pero os aseguro que volveré antes de ir al Padre, aunque sólo sea por un poquito. Y después que haya ascendido al Padre, con seguridad enviaré al nuevo enseñante para que habite en vuestros mismos corazones. Y cuando veáis que llega el momento en que todo esto ocurre, no os consternéis. Creed. Tanto mas cuanto que lo sabíais con antelación. Os he amado con gran afecto y no os dejaría, pero es la voluntad del Padre. Mi hora
ha llegado.”
“No dudéis de estas verdades, aunque os halléis dispersos en el extranjero a causa de las persecuciones o abatidos por muchas penas. Cuando os sintáis solos en el mundo, yo sabré de vuestra soledad, de la misma forma que vosotros sabreis de la mía cuando dejéis al Hijo del Hombre en manos de sus enemigos. La diferencia es que yo nunca estoy solo. El Padre siempre está conmigo. Incluso en esos momentos rogaré por vosotros. Os he dicho todas estas cosas para que podáis tener paz y la tengáis abundantemente. En este mundo tendréis tribulaciones, pero estad de buen humor. Yo he triunfado en el mundo y os he mostrado el camino hacia la eterna alegría y hacia el servicio eterno. No dejéis que se turbe vuestro corazón... ni le dejéis
tener miedo. “
Aquellas hermosas palabras pusieron casi punto final a la llamada “última cena”. Sólo restaba un postrero y emotivo capítulo: el de las despedidas personales...
 “-Tú, Juan, eres el más joven de mis hermanos. Has estado muy cerca de mí y, aunque os amo a todos con el mismo afecto que un padre tiene por sus hijos, fuiste designado por Andrés como uno de los tres que siempre debía estar cerca de mi...”
(Pg. 74)
“-... Además de esto has actuado por mi mismo y debes continuar así, trabajando en favor de los asuntos relacionados con mi familia en la Tierra. Yo voy al Padre, Juan, teniendo plena confianza en que seguirás velando por aquellos que son míos en la carne. Cuida que su presente confusión, respecto a mi misión, de ninguna manera te impida darles toda la simpatía, consejo y ayuda que, lo sabes, yo les daría si debiese permanecer en la carne.”
“Y ahora, mientras entro en las horas finales de mi carrera en la Tierra, permanece cerca, a mano, para que pueda dejar cualquier mensaje a mi familia.”
“… Por lo que respecta a mi obra, puesta en mis manos por el Padre, -prosiguió Jesús-, está terminada, con excepción de mi muerte en la carne. Y estoy preparado para beber esta última copa. En cuanto a las responsabilidades dejadas por José, mi padre en la Tierra, así como yo las he atendido durante mi vida, ahora dependo de ti para que actúes en mi lugar, resolviendo estos asuntos. Y te he elegido para que hagas esto por mí, Juan, porque eres el más joven y, por tanto, es probable que sobrevivas a los otros apóstoles.”
“- Una vez te llamé a ti y a tu hermano hijos del trueno. Comenzaste con nosotros con una mente recia e intolerante. Pero has cambiado mucho desde que me rogaste que hiciera caer fuego del cielo contra los ignorantes e irreflexivos no creyentes. Y aún debes cambiar más. Tienes que llegar a ser el apóstol del nuevo mandamiento que os he dado esta noche. Dedica tu vida a enseñar a tus hermanos a amarse los unos a los otros como yo os he amado.”
Cuando hubo terminado, un incontenible gimoteo empañó el silencio de los allí reunidos. Juan estaba llorando. Y con la voz entrecortada, respondió:
“-Y así lo haré, Maestro. Pero ¿cómo puedo aprender a amar a mis hermanos?”
“-Aprenderás a amar más a tus hermanos -replicó solícito Jesús- cuando aprendas a amar primero a su Padre del cielo y cuando llegues a estar verdaderamente interesado en el bienestar de todos ellos.., en el tiempo y en la eternidad. Y todo este interés humano se ve favorecido con el servicio generoso, con la comprensión, con la simpatía y con el perdón ilimitado. Ningún hombre despreciará tu juventud. Pero te exhorto a que concedas siempre la debida consideración al hecho de que la vejez representa, normalmente, experiencia. Y nada en los asuntos del hombre puede reemplazar a la auténtica experiencia. Esfuérzate en vivir apaciblemente con todos los hombres. En especial con tus amigos en la hermandad del reino celestial. Y recuerda siempre, Juan: no luches con las almas que podrías ganar para el reino.”

Simón el Zelote, escuchó las siguientes palabras:
(Pg. 75)
“-Tú eres un verdadero hijo de Abraham. Pero cuánto tiempo he tratado de convertirte en un hijo del reino celestial!... Te quiero y también todos tus hermanos. Sé que me amas, Simón, y que amas también el reino, pero continúas intentando que este reino sea de acuerdo con tu gusto. Sé muy bien que, finalmente, comprenderás la naturaleza espiritual y el significado de mi evangelio y que realizarás un valiente trabajo en su proclamación. Pero estoy preocupado por lo que pueda ocurrirte cuando me vaya. Me alegraría saber que no dudarás. Sería feliz si pudiese saber que, después que vaya al Padre, no dejarás de ser mi apóstol y que te comportarás aceptablemente como embajador del reino celestial.”
El ardiente patriota no dudó en su respuesta:
“-Maestro, no temas por mi lealtad. He vuelto la espalda a todo para poder dedicar mi vida al establecimiento de tu reino en la Tierra y no fallaré. Hasta ahora he sobrevivido a todas las decepciones y no te abandonaré.”
Al oír tan vehemente afirmación, el Maestro replicó con cierta crudeza:
“-Es realmente refrescante oírte hablar así en un momento como éste. Pero, mi buen amigo, todavía no sabes de lo que estás hablando. Ni por un momento dudaría de tu lealtad o devoción. Sé que no vacilarías en ir adelante en la lucha y en morir por mí, como lo harían éstos...”
“-... Pero no se requerirá eso de vosotros. Os he dicho repetidamente que mi reino no es de este mundo y que mis discípulos no lucharán para llevar a cabo su establecimiento. Os lo he dicho muchas veces, Simón, pero no queréis enfrentaros a la verdad. No estoy preocupado por vuestra lealtad hacia mí o hacia el reino. Pero ¿qué haréis cuando me marche y despertéis al fin y os deis cuenta que no habéis comprendido el significado de mi enseñanza y que tenéis que ajustar vuestros conceptos erróneos a otra realidad?”
“-Ninguno de mis apóstoles es más sincero y honesto de corazón que tú, pero ninguno estará tan abatido y perturbado como tú después que yo me vaya. Durante tu desaliento, mi espíritu morará en ti y éstos, tus hermanos, no te abandonarán. No olvides lo que te he enseñado sobre la relación entre los ciudadanos del mundo y la "ciudadanía" de los otros hijos: los del reino de mi Padre. Medita bien todo lo que te he dicho sobre dar al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios y a mi lo que es mío. Dedica tu vida, Simón, a mostrar cuán aceptablemente puede el hombre mortal cunfundir mi precepto referente al reconocimiento simultáneo del deber temporal para con los poderes civiles y el servicio espiritual en la hermandad del reino. Si eres enseñado por el Espíritu de la Verdad, nunca habrá conflicto entre las obligaciones que impone la ciudadanía de la Tierra y las de ser hijos del cielo.., a no ser que los dirigentes temporales pretendan de vosotros el homenaje y adoración que sólo pertenecen a Dios. Y ahora, Simón, cuando veas finalmente todo
esto, te hayas sacudido la depresión y salgas adelante, proclamando con gran poder este evangelio, nunca olvides que yo estaba contigo, incluso en toda tu época de descorazonamiento y que continuaré contigo hasta el mismo fin. Siempre serás mi apóstol y, cuando llegues a ver con el ojo del Espíritu y sometas plenamente tu voluntad a la del Padre del cielo, entonces volverás a trabajar como mi embajador. A pesar de tu lentitud en comprender las verdades que te he enseñado, nadie te quitará la autoridad que te he dado. Así, Simón, te aviso una vez más: los que luchan con la espada, mueren con la espada. Sin embargo, los que trabajan en el Espíritu
consiguen la vida eterna en el reino y la paz y la alegría en la Tierra. Cuando la misión encomendada a tus manos haya sido terminada en el mundo, tú, Simón, te sentarás conmigo en mi reino. Y verás realmente el reino por el que has suspirado. Pero no será en esta vida. Continúa creyendo en mí y en lo que te he revelado y recibirás el regalo de la vida eterna.”
A Mateo Leví:
“-Ya no te corresponderá cuidar de la caja del grupo apostólico. Pronto, muy pronto, todos os dispersaréis. No os será permitido disfrutar siquiera del reconfortante y continuo apoyo de uno solo de vuestros hermanos. Cuando vayáis predicando este evangelio del reino tendréis que buscar nuevos compañeros. Os he enviado de dos en dos durante el tiempo de entrenamiento pero, ahora que os dejo, después que os hayáis recuperado del golpe, iréis solos y hasta los confines de la Tierra, proclamando esta buena noticia: que los mortales vivificados en la fe son los hijos de Dios.”
Mateo, con su habitual calma y sentido práctico, preguntó a su vez:
“-Pero, Maestro, ¿quién nos enviará y cómo sabremos a dónde ir? ¿Nos enseñará Andrés el camino?”
“-No, Leví -respondió Jesús, la jefatura del hermano de Simón Pedro-, Andrés ya no os dirigirá en la proclamación del evangelio. En verdad, continuará como vuestro amigo y consejero hasta el día en que llegue el nuevo maestro. Entonces, el Espíritu de la Verdad os guiará al extranjero para que trabajéis por la ampliación del reino. Muchos cambios han sobrevenido sobre vosotros desde aquel día, en la casa de aduanas, cuando, por primera vez, empezásteis a seguirme. Pero muchos más deben ocurrir antes de que podáis contemplar la visión de una hermandad en la que gentiles y judíos se sienten en asociación fraternal. Pero seguid adelante en vuestras prisas por ganar a vuestros hermanos judíos. Cuando estéis totalmente satisfechos, volved entonces con fuerza hacia los gentiles. De una cosa puedes estar seguro, Leví: has ganado la confianza y el afecto de tus hermanos. Todos te quieren.”
(Pg. 76)
“-Leví, sé de tus ansiedades, sacrificios y trabajos para mantener llena la caja. Tus hermanos no lo han sabido. Y me siento contento de que, aunque el que lleva la bolsa no está, el embajador del tabernero esté aquí, en mi reunión de despedida, con los mensajeros del reino. Ruego porque puedas discernir el significado de mi enseñanza con los ojos del espíritu. Y cuando el nuevo maestro llegue a tu corazón, sigue adelante. Él te  guiará. Y muestra a tus hermanos y a todo el mundo lo que el Padre puede hacer con un odiado recaudador de impuestos, que se atrevió a seguir al Hijo del Hombre y a creer en el evangelio del reino. Incluso desde el principio, Leví, te quise como quise a estos otros galileos. Sabiendo entonces muy bien que ni el Padre ni el Hijo tienen en cuenta a las personas, mira de no hacer esas distinciones entre los que lleguen a ser creyentes en el evangelio a través de tu ministerio. Y así, Mateo, dedica toda tu vida de servicio futuro a mostrar a los hombres que Dios no tiene en cuenta la posición de las personas. Que, a la vista del Padre en la hermandad del reino, todos los humanos son iguales, todos son hijos de Dios.”
A Santiago Zebedeo: 
“-Santiago, cuando tú y tu hermano pequeño llegásteis una vez hasta mí, buscando preferencias en los honores del cielo y os respondí que esos honores eran otorgados por el Padre, os pregunté si seríais capaces de beber mi copa. Los dos respondísteis que sí. Aunque ni entonces ni ahora estéis preparados para ello, pronto estaréis dispuestos para tal servicio, a causa de la experiencia que estáis a punto de atravesar. Por aquel comportamiento reñiste a tus hermanos. Si todavía no te han perdonado del todo, lo harán cuando vean que bebes mi copa. Tanto si tu ministerio es largo o corto, conserva tu alma en paz. Cuando el nuevo maestro venga, deja que te enseñe el equilibrio de la compasión y esa amable tolerancia que nace de la sublime confianza en mí y en la perfecta sumisión a la voluntad del Padre. Dedica tu vida a demostrar afecto humano y dignidad divina combinados. Y todos los que vivan así revelarán el evangelio, incluso en la forma de su muerte. Tú y tu hermano Juan iréis por distintos caminos y uno de vosotros puede que se siente conmigo en el reino eterno mucho antes que el otro...”
“-Os ayudaría mucho saber que la verdadera sabiduría comprende discreción y coraje a un mismo tiempo. Aprenderéis sagacidad, para que acompañe a vuestra agresividad. Llegarán supremos momentos en los que mis discípulos no dudarán en dar sus vidas por este evangelio. Pero, en las demás circunstancias, en las ordinarias, será mejor aplacar la ira de los no creyentes para que podáis vivir y continuar predicando las buenas noticias. Mientras tengáis fuerzas, vivid largamente para que vuestra labor sea fructífera en almas ganadas para el reino celestial.”
A Andrés: 
“-Andrés, me has representado con fidelidad como cabeza de los embajadores del reino celestial. Aunque hayas dudado muchas veces y en otras ocasiones hayas manifestado una clara y peligrosa timidez, así y con todo, siempre has sido sinceramente justo en tus relaciones con tus compañeros. Desde tu ordenación y la de tus hermanos como mensajeros del reino has sabido gobernarte a ti mismo en los asuntos administrativos del grupo. En ningún otro asunto temporal he actuado para dirigir o influir tus decisiones. Y lo hice así para enseñarte, con vistas a tus deliberaciones en los grupos futuros. En mi universo y en el universo de los universos de mi Padre, a nuestros hijos-hermanos se les trata como individuos en todas sus relaciones espirituales. Pero en las de grupo procuramos que exista una dirección. Nuestro reino es un reino de orden y, donde dos o más criaturas actúen en cooperación, siempre existe esa autoridad.”
“Y ahora, Andrés, puesto que eres el jefe de tus hermanos por la autoridad de mi nombramiento y puesto que así has servido, como mi representante personal, ya que estoy a punto de marcharme e ir a mi Padre, te libero de toda responsabilidad en lo concerniente a los asuntos temporales y administrativos. De ahora en adelante puedes no ejercer jurisdicción sobre tus hermanos, excepto la que hayas ganado por tu capacidad como líder espiritual y que ellos reconozcan libremente. Desde este momento puedes no ejercer ninguna autoridad sobre tus hermanos, a no ser que ellos te la restauren. Pero esta liberación como cabeza administrativa del grupo de ninguna manera disminuye tu responsabilidad moral para hacer todo lo que esté en tu mano respecto al mantenimiento de la unión de todos éstos en el periodo de prueba que se avecina. De ahora en adelante sólo ejerceré autoridad espiritual sobre y entre vosotros.”
“Si tus hermanos desean retenerte como consejero, te digo que debes hacer todo lo que puedas para promocionar la paz y la armonía (tanto en los asuntos temporales como espirituales) entre los grupos de sinceros creyentes en el evangelio. Dedica el resto de tu vida a impulsar los aspectos prácticos del amor fraterno. Sé amable con mis hermanos en la carne. Manifiesta una devoción amorosa e imparcial a los griegos del oeste y a Abner, del este. Aunque éstos, mis apóstoles, van a ser esparcidos muy pronto por los cuatro confines de la Tierra para proclamar la buena nueva de la salvación, debes mantenerles unidos durante el tiempo de prueba que se avecina. En esa época debéis aprender a creer en este evangelio sin mí presencia personal. Y así, Andrés, aunque no recaigan en ti las grandes labores que ven los hombres, conténtate con ser el maestro y consejero de los que las hacen. Sigue adelante con tu trabajo en la Tierra (hasta el final) y así continuarás este ministerio en el reino eterno. ¿No te he dicho muchas veces que tengo otras ovejas que no
son de este rebaño?”
A los gemelos Alfeo:
“-Hijitos míos. Vosotros sois uno de los tres grupos de hermanos que eligió seguirme... “
(Pg. 77)
“-... Los seis -prosiguió Jesús- habéis trabajado bien y en paz con vuestra propia carne y sangre. Pero nadie lo ha hecho mejor que vosotros. Se avecinan tiempos duros... Puede que no comprendáis todo lo que va a suceder, pero no dudéis que una vez fuísteis llamados para la tarea del reino. Por algún tiempo no habrá multitudes a quienes dirigir. Pero no os descorazonéis. Cuando vuestro trabajo en esta vida haya concluido, os recibiré en lo alto y allí, en la gloria, hablaréis de vuestra salvación a los ejércitos seráficos y a las multitudes de los altos Hijos de Dios. Dedicad vuestra vida a engrandecer las tareas triviales. Mostrad a todos los hombres y a los ángeles cuán alegre y valiente puede llegar a ser el hombre mortal. Y tras vuestra época al servicio de Dios, volved a las labores de los días pasados. Si, por el momento, veis concluido vuestro trabajo en los asuntos exteriores del reino, volved a las faenas cotidianas. Y hacedlo con la nueva luz de la experiencia de saberos hijos de Dios. A vosotros, que habéis trabajado conmigo, todo se os ha hecho sagrado. Toda labor terrenal ha llegado a ser un servicio al Dios Padre. Y cuando oigáis noticias de los hechos de vuestros anteriores compañeros apostólicos, regocijaros con ellos y continuad vuestra labor diaria como los que esperan en Dios y sirven mientras esperan. Habéis sido mis apóstoles y siempre lo seréis y os recordaré en el reino que ha de llegar.”
Felipe fue el siguiente:
“-Felipe, me has formulado muchas y locas preguntas. Y he hecho lo posible para responder a todas ellas. Ahora contestaré a la última que ha surgido en tu muy honesta aunque poco espiritual mente. Todo el tiempo he estado acudiendo a ti, mientras te preguntabas: "Qué haré si el Maestro se marcha y nos deja solos en el mundo?" Oh, tú, hombre de poca fe! Y así y con todo, tienes casi tanta como muchos de tus hermanos... Has un buen sirviente, Felipe. Nos fallaste pocas veces. Y uno de los fallos lo utilizamos para manifestar la gloria del Padre...”
“-... Tu oficio de servidor está a punto de concluir, deberás hacer el trabajo para el que fuiste llamado: la predicación de este evangelio. Felipe, siempre has querido que se muestren las cosas. Pronto verás grandes hechos. Puesto que has sido sincero, incluso en tu visión material, vivirás para ver cumplidas mis palabras. Y entonces, cuando seas bendecido con visión espiritual, sigue adelante en tu trabajo, dedicando tu vida a la conducción de la Humanidad hacia la búsqueda de Dios y de las realidades espirituales, pero con los ojos de la fe; no con los de la mente material. Recuerda, Felipe, tienes una gran misión en la Tierra. El mundo está lleno de hombres que miran la vida como tú lo has hecho. Tienes un gran trabajo por hacer, y, cuando esté terminado, vendrás a mi, en mi reino y tendré gran placer en enseñarte lo que no ha visto el ojo, escuchado el oído ni concebido la mente mortal. Entretanto, sé como un niño pequeño en el reino del Espíritu y Permíteme, como Espíritu del nuevo maestro, guiarte hacia el reino espiritual. De esta forma podré hacer mucho por ti: lo que no pude llevar a cabo cuando permanecí contigo como un mortal. Y recuerda siempre, Felipe: quien me haya visto, ha visto al Padre.”
A Natanael:
“-Natanael, has aprendido a vivir por encima de los prejuicios y a practicar una tolerancia cada vez mayor, puesto que te hiciste mi apóstol. Pero aún hay mucho que aprender. Has sido una bendición para tus compañeros, siempre amonestados con tu sinceridad. Cuando me haya ido, puede que tu franqueza interfiera en las relaciones con tus hermanos, tanto con los antiguos como con los nuevos. Debes aprender que incluso la expresión de un buen pensamiento tiene que ser modulada de acuerdo con el nivel intelectual y el desarrollo espiritual del que escucha. La sinceridad es más útil en las tareas del reino cuando se casa con la discreción.”
“Sí aprendieses a trabajar con tus hermanos podrías finalizar muchas más cosas. Pero si te encuentras a ti mismo en la búsqueda de aquellos que piensan como tú, en ese caso, dedica tu vida a demostrar que el discípulo conocedor de Dios puede llegar a ser un constructor del reino, incluso cuando esté solo y separado de sus hermanos creyentes. Sé que serás fiel hasta el final. Y algún día te daré la bienvenida al amplio servicio de mi reino, en lo alto.”
Bartolomé se dirigió entonces al rabí, preguntándole:
“-He escuchado tus enseñanzas desde la primera vez que me llamaste al servicio de este reino. Pero, honestamente, no puedo comprender todo el significado de lo que nos dices. No sé qué más debemos esperar. Y creo que la mayoría de mis hermanos están perplejos, al igual que yo, aunque dudan en confesar su confusión. ¿Puedes ayudarme?”
(Pg. 78)
“-Amigo mío -respondió el Cristo al instante-, no es extraño que te encuentres perplejo en tu intento por comprender el significado de mis enseñanzas espirituales. Arrastráis el preconcepto de la tradición judía y os empeñáis en interpretar mí evangelio de acuerdo con las enseñanzas de los escribas y fariseos. Os he enseñado por la palabra de mi boca y he vivido mi vida entre vosotros. He hecho lo posible para alumbrar vuestras mentes y liberar vuestras almas, pero lo que no habéis conseguido hasta ahora por mis enseñanzas, debéis adquirirlo de la mano de ese maestro de maestros: la experiencia real. En esa nueva andadura, yo iré por delante y el Espíritu de la Verdad estará con vosotros. No temáis. Lo que ahora no podéis comprender, el nuevo maestro, cuando haya venido, os lo revelará en esta vida y en vuestro aprendizaje en el tiempo eterno.”
Jesús dirigió entonces su voz hacia el centro de la mesa:
“-No os turbéis porque no podáis asimilar todo el significado del evangelio. No sois más que hombres finitos y mortales y lo que os he enseñado es infinito, divino y eterno. Sed pacientes. Tened valor. Tenéis las edades eternas ante vosotros. En ellas continuaréis vuestra progresiva perfección, así como vuestro Padre del Paraíso es perfecto.”
Jesús se incorporó y caminó hasta la posición de Tomás. Y se le oyó decir:
“-Tomás. A menudo te ha faltado la fe. Sin embargo, a pesar de esos momentos de duda, nunca has carecido de coraje. Sé muy bien que los falsos profetas y maestros no te engañarán. Después que me haya ido, tus hermanos apreciarán mucho más tu forma crítica de ver y enjuiciar las enseñanzas. Y cuando todos os disperséis por los confines de la Tierra, recuerda que aún eres mi embajador. Dedica tu vida a la gran obra de mostrar cómo la mente crítica material puede triunfar sobre la inercia de la duda intelectual, cuando se enfrenta con la demostración de la manifestación de la verdad viva.”
“Tomás, estoy contento de que te hayas unido a nosotros. Y sé que, tras un corto período de perplejidad, seguirás adelante, en el servicio del reino. Tus dudas han confundido a tus hermanos, pero no a mí. Tengo confianza en ti e iré delante tuyo a los más remotos lugares de la Tierra.”
A Simón Pedro:
“-Pedro, sé que me amas. Y sé que dedicarás tu vida a la proclamación pública de este evangelio del reino a judíos y gentiles. Pero estoy apenado... Tus años de tan firme asociación conmigo no te han ayudado lo suficiente a pensar antes de hablar... “
“-... ¿Qué experiencia debes vivir para que aprendas a ser cauteloso con tu boca? Cuántos problemas nos has dado por tu irreflexión y por tu presuntuosa confianza en ti mismo! Y estás destinado a crearte muchos más si no dominas esa debilidad. Sabes que, a pesar de ese defecto, tus hermanos te aman. Y debes entender igualmente que esa debilidad de ningún modo disminuye mi afecto hacia ti. Pero te resta eficacia y multiplica tus problemas... “
“-... Sin duda, la experiencia que pasarás esta noche te será de gran ayuda. Y lo que ahora te digo, Simón Pedro, sirve también para todos los aquí reunidos: esta noche correréis grave peligro de tropezar conmigo. Sabéis que está escrito: "El Pastor será castigado y las ovejas esparcidas fuera." Cuando esté ausente habrá el riesgo de que algunos de vosotros sucumbáis ante la
duda y tropecéis por lo que a mí me suceda. Pero ahora mismo os prometo que volveré por un corto tiempo y que, entonces, entraré en Galilea.”
El fogoso Pedro no tardó en replicar:
“-No importa si todos mis hermanos sucumben ante la duda por tu causa. Prometo que no tropezaré con nada que tú puedas hacer. Iré contigo! Y, si es necesario... moriré por ti!”
“-Pedro, en verdad, en verdad te digo que esta noche no cantará el gallo antes de que me hayas negado... tres o cuatro veces.”
“-... De esta forma-. -continuó Jesús-, lo que no has conseguido aprender de tu pacífica unión conmigo, lo asumirás entre problemas y penas. Y cuando hayas entendido esta necesaria lección, deberás reconfortar a tus hermanos y seguir adelante, llevando una vida entregada a la predicación de este evangelio. Aunque puedas ir a prisión y, quizá, seguirme, pagando el precio supremo por el amoroso servicio en la construcción del reino del Padre.”
“-Pero recuerda mí promesa: cuando haya resucitado, me quedaré con vosotros un tiempo antes de ir al Padre. Incluso esta noche haré súplicas para que os fortalezca ante lo que debéis soportar. Os amo a todos con el (Pg.79) amor con que el Padre me ama y, por tanto, de ahora en adelante, debéis amaros los unos a los otros como yo os he amado.”

(Pg. 119)
DESPUES DE RESUCITADO
-”¿Qué buscáis?...”
Maria Magdalena: -Quedé desconcertada. Aquella voz... Me sequé las lágrimas como pude y, mirándole, acerté a responder: “Buscamos a Jesús... enterrado en la tumba de José... Pero ya no está. ¿Sabes tú dónde le han llevado?”
-Era Él... Entonces lo supe. Su voz..., su voz...
-Su voz. Sí, yo la conozco. Era Él!
”Este Jesús, ¿no os ha dicho, hasta en la misma Galilea, que moriría, pero que resucitaría?”
-Todas nos conmovimos -prosiguió Salomé-. Todas conprendimos... Pero no supimos reaccionar. Al poco, volvió a hablar. Su voz, dulce y afectuosa, pronunció un nombre:¡ María!"
Maria Magdalena: -Entonces, al escuchar mi nombre, ya no dudé. Era el Maestro! Pero, estaba tan cambiado!... “Y presa de una mezcla de alegría, sorpresa y miedo, enterré mi rostro en el polvo de la finca, murmurando: "Mi Señor!... Mi Maestro!"
“Mis hermanas me imitaron y cayeron igualmente de rodillas, atónitas. Sé que puede parecerte una niñería, pero, ardiendo en deseos de abrazarle, de besarle, de estrujarle entre mis brazos, fui acercándome a Él. Y cuando me disponía a hacerlo, retrocedió, diciendo:
“No me toques, María! No soy el que tú has conocido en la carne..."
“...Bajo esta forma permaneceré entre vosotros antes de ir cerca del Padre.”
”Ahora íd todas y decid a mis apóstoles, y a Pedro! que he resucitado y que me habéis hablado.”
(Pg. 125)
Nuevamente a Maria Magdalena: “No permanezcas en la duda. Ten valor... Cree lo que has visto y oído. Vuelve con los apóstoles y diles otra vez que he resucitado... que apareceré ante ellos y que, pronto, como he prometido, les precederé en Galilea.”
(Pg. 143)
A Maria Magdalena y otras mujeres en casa de Jose de Arimatea: “Que la paz sea con vosotras.” “En la comunión del reino no habrá ni judío ni gentil. Ni rico ni pobre. Ni hombre ni mujer. Ni esclavo ni señor... Vosotras también estáis llamadas a proclamar la buena nueva de la liberación de la Humanidad por el evangelio de la unión con Dios en el reino de los cielos. Id por el mundo entero anunciando este evangelio y confirmar a los creyentes en esta fe. A la vez que hacéis esto, no olvidéis a los enfermos y alentar a los tímidos y temerosos. Siempre estaré con vosotras hasta los confines de la tierra.”
(Pg. 149) En casa de Flavio a los griegos (narración por Juan Marcos a los Apostoles): -”Que la paz sea con vosotros. Aun cuando el Hijo del Hombre haya aparecido en la tierra entre judíos, traía su ministerio para todos los hombres...”
“traía su ministerio para todos los hombres. Dentro del reino de mi Padre, no hay ni habrá judíos ni gentiles. Todos seréis hermanos... Los hijos de Dios.”
-”Todos seréis hermanos... Los hijos de Dios.”
(Pg. 152) Se le apareció a Pedro y le dijo: “Pedro, el enemigo quería poseerte, pero yo no te he
abandonado.”
“Sabía que en tu corazón no habías renegado de mí. Por ello, te perdoné antes de que me lo pidieras. Ahora hay que dejar de pensar en uno mismo y en las actuales dificultades. Prepárate a llevar la buena nueva del evangelio a aquellos que se encuentran en las tinieblas. No te preocupes por lo que puedas conseguir del reino más bien, mira lo que tú puedas dar a los que viven en la horrenda miseria espiritual. Estáte presto Simón, para el combate de un nuevo día, para la lucha contra el oscurantismo espiritual y las nefastas dudas del pensamiento natural de los hombres.”
“Adiós, Pedro, hasta que te vea en compañía de tus compañeros.“
(Pg. 154) A los hermanos Emaus: Cleofas y Jacobo (pastores): “¿Cuáles eran las palabras que intercambiábais con tanta seriedad cuando me he aproximado a vosotros?”
Y yo le dije: ¿Es posible que vivas en Jerusalén y no
sepas los acontecimientos que han ocurrido? Y él preguntó: “¿Qué acontecimientos?”
Si desconoces esos hechos (le dije un tanto malhumorado), eres el único en la ciudad que no está al tanto de los rumores referentes a Jesús de Nazaret, que era un profeta rico en palabras y obras ante Dios y el pueblo. Los jefes de los sacerdotes y los dirigentes judíos le han entregado a los romanos, exigiendo su crucifixión. Pero esto no es todo (añadí, convencido de que, en efecto, aquel forastero no sabía nada sobre el Maestro). Muchos de nosotros esperábamos que librase a Israel del yugo de los gentiles, además, hoy estamos en el tercer día desde su crucifixión y algunas mujeres nos han asombrado, declarando que habían salido muy de mañana hacia el sepulcro, encontrando la tumba vacía. Y estas mismas mujeres repiten con insistencia que han conversado con Jesús y sostienen que ha resucitado de entre los muertos. Cuando lo contaron a los hombres,
dos de los discípulos corrieron a la tumba y también la hallaron vacía...
(Pg. 155) “Qué lentos sois para comprender la verdad! Si decís que el motivo de vuestra discusión eran las enseñanzas y las obras de este hombre, os lo voy a aclarar, ya que estoy más acostumbrado a estas enseñanzas. ¿No recordáis lo que siempre dijo y predicó Jesús?: ¿que su reino no era de este mundo y que todos los hombres son hijos de Dios? Por ello deben encontrar la liberación y la libertad en la alegría espiritual de la comunión fraterna del servicio afectuoso en este nuevo reino de la verdad del amor del Padre celestial."
Cleofás enmudeció. Y con cierto pudor pasó a interrogar a los presentes.
-¿Qué pudo querer decir con esas intrincadas palabras?
“¿No recordáis cómo el Hijo del Hombre proclama la salvación de Dios para todos los hombres, sanando a los enfermos y a los afligidos y liberando a aquellos que estaban unidos por el miedo y
que eran esclavos del mal? ¿No sabéis que este hombre de Nazaret avisó a sus discípulos de que habría que ir a Jerusalén y de que le entregarían a sus enemigos, que le condenarían a muerte, resucitando al tercer día? ¿No habéis leído los pasajes de las Escrituras relativos a este día de salvación de los judíos y gentiles, donde se dice que en Él todas las familias de la tierra serán en verdad bendecidas, que oirá el grito lastimero de los necesitados y que salvará las almas de los pobres que buscan su ayuda y que todas las naciones le calificarán de bendito? ¿No habéis oído que este Liberador aparecerá a la sombra de una gran roca, en un país desértico? ¿Que alimentará el rebaño como un verdadero pastor, acogiendo en sus brazos a los corderos y llevándolos dulcemente sobre su pecho? ¿Que abrirá los ojos a los ciegos espirituales y liberará a los presos de la desesperación en plena libertad y luz?...”
“¿Que todos los que moran en las tinieblas verán la gran luz de la salvación eterna? ¿Que curará los corazones destrozados, proclamará la libertad de los cautivos del pecado y abrirá las puertas de la cárcel a los esclavos del miedo y del mal? ¿Que llevará el consuelo a los afligidos y extenderá sobre ellos la alegría de la salvación, en lugar del dolor y de la opresión? ¿Que será el deseo de todas las naciones y la alegría perpetua de los que buscan la justicia? ¿Que este Hijo de la Verdad y de la rectitud se levantará sobre el mundo con una luz de curación y un poder de salvación? ¿Que perdonará los pecados a sus fieles? ¿Que buscará y salvará a los extraviados? ¿Que destruirá a los débiles, pero que llevará la salvación a todos aquellos que tienen hambre y
sed de justicia? ¿No habeis oído que los que crean en Él gozarán de la vida eterna? ¿Que extenderá su espíritu sobre toda la carne, y que en cada creyente este Espíritu de la Verdad será un manantial de agua viva, incluso en la vida eterna? ¿No habéis comprendido la grandeza del Evangelio del Reino que ese hombre os ha dado? ¿No veis cuán grande es la salvación de la que os beneficiais?"
-Por mi santa madre, que en la gloria esté! -los ojos del mocetón se humedecieron-. Entonces caí en la cuenta! Era Jesús! Y, cuando, tras dar un codazo a mi hermano, comenté “Es el Maestro!", desapareció.
(Pg. 157) Aparición a sus apóstoles en casa de Elías Marcos: -La paz sea con vosotros!
-¿No os dije que los principales sacerdotes y dirigentes me entregarían a la muerte, que uno de vosotros me traicionaría y que resucitaría al tercer día?
Jesús de Nazaret -porque tenía que ser Él- fue bajando los brazos muy despacio.
Entonces-prosiguió la “voz"-, ¿a qué tantas discusiones y dudas sobre lo que manifestaron las mujeres, Cleofás, Jacobo o el mismo Pedro? Y ahora que me veis, ¿me vais a creer? Nadie respondió. ¿Quién, en su sano juicio, lo hubiera hecho?
(Pg. 158) -Uno de vosotros todavía está ausente. Cuando os reunais una vez más y sepáis con seguridad que el Hijo del Hombre ha resucitado, marchad para Galilea...
¿Marchar para el norte? Otra vez aquella consigna...
-Tened fe en Dios! Tened fe los unos en los otros! Así entraréis en el nuevo servicio del reino de los cielos.
El “ser” hizo una brevísima pausa. Era asombroso! Había matices en el timbre de su voz!
-Permaneceré en Jerusalén hasta que estéis en condiciones de partir hacia Galilea. Os dejo en paz. Y en una fracción de segundo -quizá en menos-, toda la figura de luz se esfumó, recogiéndose sobre sí misma, hasta que sólo quedó un punto brillante, blanco como el más potente de los arcos voltaicos, en el lugar que debía ocupar el supuesto “cerebro” del no menos supuesto “hombre"... Después, también ese punto se disolvió. Y en las retinas de mis ojos siguió “vivo", oscilando a cada parpadeo, como cuando se observa fijamente el disco solar.
(Pg. 181) A Santiago el hermano: “Santiago, te llamo para el servicio del reino. Únete seriamente a tus hermanos y sígueme." Santiago no conto lo que le dijo Jesus.
(Pg. 182) “Adiós, Santiago, hasta que os salve a todos juntos.”
(Pg. 184) A David Zebedeo y las hermanas de Lazaro: "La paz sea con vosotros." Nos quedamos mudos. Pero El continuó: “Saludos para aquellos que estuvieron cerca de mí en la carne y en la comunión de mis hermanos y hermanas en el reino de los cielos. ¿Cómo habéis
podido dudar? ¿Por qué habéis esperado tanto para seguir de todo corazón la luz de la verdad? Entrad en la comunión del Espíritu de la Verdad en el reino del Padre."
Seguir en la Pg 188
(Pg. 202) El 16 de abril del año 30: Aparicion a sus discípulos: -Que la paz sea con vosotros...
He esperado una semana -continuó, moviendo la cabeza a todo lo largo de la mesa y dirigiendo así una mirada general-, hasta que estuviérais todos reunidos, para aparecer de nuevo y daros, una vez más, la orden de recorrer el mundo divulgando el evangelio del reino...
(Pg. 203) Os lo repito: lo mismo que el Padre me ha enviado al mundo, yo os mando. Lo mismo que he revelado al Padre, vosotros vais a extender el amor divino, no sólo con palabras, sino también con vuestras vidas cotidianas. Os envío, no para amar las almas de los hombres, sino para amar a los hombres. No basta que proclaméis las alegrías del cielo. Es preciso también demostrar las realidades espirituales de la vida divina en vuestra experiencia diaria. Sabéis por la fe que la vida eterna es un don de Dios. Cuando tengáis más fe y el poder de arriba (el Espíritu de la Verdad) haya penetrado en vosotros, no ocultaréis vuestra luz. Aquí, tras las puertas cerradas, daréis a conocer a toda la Humanidad el amor y la misericordia de Dios. Por miedo, huís ahora ante una desagradable experiencia. Pero, al estar bautizados del Espíritu de la Verdad, iréis felices y alegres a propagar las nuevas experiencias de la vida eterna en el reino del Padre...
-... Podéis permanecer aquí o en Galilea durante un corto periodo -les manifestó, relajando ligeramente el timbre de la voz- así podréis reponeros del golpe de la transición entre la falsa seguridad de la autoridad del tradicionalismo y el nuevo orden de la autoridad de los hechos, de la verdad y de la fe en las realidades supremas de la viva experiencia. Vuestra misión en el mundo se basa en lo que he vivido con vosotros: una vida revelando a Dios y en torno a la verdad de que sois hijos del Padre, al igual que todos los hombres. Esta misión se concretará en la vida que haréis entre los hombres, en la experiencia afectiva y viviente del amor a todos ellos, tal y como yo os he amado y servido. Que la fe ilumine al mundo y que la revelación de la verdad abra los ojos cegados por la tradición. Que vuestro amor destruya los prejuicios engendrados por la ignorancia.
Al acercaros a vuestros contemporáneos con simpatía comprensiva y una entrega desinteresada, les conduciréis a la salvación por el conocimiento del amor del Padre. Los judíos han exaltado la bondad. Los griegos, la belleza. Los hindúes, la devoción. Los lejanos ascetas, el respeto. Los romanos, la fidelidad... Pero yo pido la vida de mis discípulos. Una vida de amor al servicio de sus hermanos encarnados.
Tras este discurso, el Maestro hizo una breve pausa. Y concentrando en los de Tomás aquella mágica luz y aquella afilada fuerza que seguían irradiando sus ojos, le dijo sin reproches:
-Y tú, Tomás, que has dicho que no creerías a menos que me vieras y pusieras tus dedos en las heridas de los clavos de mis muñecas, ahora me has visto y oído...
A pesar de que no veas ninguna señal de clavos... Y Jesús acompañó aquellas palabras con un movimiento de sus brazos. Los alzó hasta que las palmas quedaron a la altura de su rostro y, por efecto de la gravedad -otro detalle a tener en cuenta-, las amplias mangas se deslizaron al momento hacia abajo. Los antebrazos y muñecas, en efecto, no presentaban cicatrices o señales de las pasadas torturas.
Las miradas de todos -como las de un solo hombre- se centraron en las extremidades superiores del rabí, que permaneció unos segundos en la misma posición. Fue desconcertante! Su piel aparecía tersa, con el mismo y abundante vello de antes y con los vasos perfectamente marcados.
-... ya que ahora vivo bajo una forma que tú también tendrás cuando dejes este mundo -reanudó su importante aclaración-, ¿qué les dirás a tus hermanos?
El mismo Jesús respondió a su pregunta..-Reconocerás la verdad, ya que, en tu corazón, habías empezado a creer, a pesar de manifestar con insistencia tu incredulidad. Es justo el momento en que las dudas empiezan a desmoronarse... Tomás, te pido que no pierdas la fe. Sé creyente... Sé que creerás con todo tu corazón. Al ver las muñecas de su Maestro y escuchar estas palabras, Tomás se alzó del diván, cayendo de rodillas sobre el entarimado. Y asustado, exclamó:
-Creo, mi Señor y mi Maestro!
-Has creído, Tomás, porque me has visto y oído. Benditos sean en los tiempos venideros...!
La sangre se me heló en las venas. Jesús giró ligeramente su rostro, mirándome a los ojos. Y repitió:
-... Benditos sean en los tiempos venideros los que crean sin haberme visto con los ojos de la carne, ni oírme con los oídos humanos!
-Ahora, id todos a Galilea. allí os apareceré muy pronto.
Se volvió nuevamente hacia mí, me sonrió y caminó despacio, sin prisas, hacia la penumbra de la pared por la que le habíamos visto surgir. Y dejamos de verle. Simplemente, se esfumó...

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